GHINEA PIG

Esta serie de películas es algo así como el matrimonio bastardo y contra natura entre el gore y el porno. Del primero coge el gusto insano por mostrar la carne en plenos estados degenerativos, hiperbolizando la violencia hasta el paroximo sumo y regideándose en el estacazo gratuito, mostrado con un gusto bastante dudoso. Del segundo es importante toda  la influencia ejercida por el bondage japones, descarnado y nauseabundamente afamado entre los ciudadanos de ojos rasgados. Para corroborar tal afirmación basta visualizar títulos como Rapped by a sumo o Brutalized teenager. Simples aberraciones que mezcla sin ningún tipo de rubor sexo y los golpes más despiadados. La entrega más impactante de esta saga es Las flores de carne y sangre (Flower of flesh and blood), a la que sólo se puede acceder si se tiene el estómago blindado.

Son sesenta minutos de brutalidades que a cualquier despistado le parecería una snuff movie, porque en ella la desdichada protagonista muere, y aunque este hecho luctuoso esté recreado, se pone tanto empeño en su verismo que podría pasar perfectamente por una “película de la muerte”. La historia no tiene demasiada chicha -una muchacha es secustrada en plena calle, conducida a un apartamento y la torturan lentamente- pero la puesta en escena si. El rapto se produce de noche, entre callejones inhóspitos, y está rodada cámara en mano, lo que produce al espectador incertidumbre. La posterior desmenbración en la cama es sencillamente impresionante, tan rica en detalles escabrosos que parecemos asistir a un programa quirúrgico televisivo. La víctima es drogada, se le rasga la piel, se le parten los huesos, se le extirpan los órganos internos, se le extrae un ojo con una cucharilla… Todo servido con una parsimonia que hiela el alma, y siempre con la cámara atenta a no perderse cualquier detalle grotesco. Imagenes insanas al 100%, ya que durante una hora a lo más que el aficionado tendrá derecho es a contemplar impasible la mutilación de una mujer.

Guinea pig cuenta con ocho episodios, solo recomendable para paladares bárbaros.