La ópera prima de Abel Ferrara, un delirio absoluto imposible de ser concebido por otra mente enferma y tortuosa que no fuese la de este italoamericano del Bronx. Un trabajo profundamente underground, excesivo y rebosante de iconografía cochambrosa y mugrienta que él mismo se encargó de protagonizar: un pintor surrealista alojado en los bajos fondos ve cómo todo se le viene abajo de la noche a la mañana; su novia le abandona, su agente le dice que su último trabajo es tan extraño y mediocre que nadie lo comprará y, lo peor de todo, una estruendosa banda adolescente de punk-rock se traslada a la puerta de enfrente, martirizándole a todas horas, haciéndole perder la inspiración y la cordura. Como consecuencia de este caos interior saltará a la calle armado con una taladradora portátil y asesinará a todos los individuos que se le crucen por el camino, preferentemente “homeless” resignados a su negra muerte.
Una excelente muestra de gore de autor, con pretensiones ideológicas, pero que también puede ser deglutida sin muchas complicaciones como una casposa explotation más, insana y muy molesta, con sus espeluznantes pasajes hiper-sangrientos (todos los crimenes revuelven el estomago) y sus actores seudo-profesionales.
El Asesino del taladro es una brillante serie B de arte y ensayo, un espejo en el que el movimiento underground neoyorkino de finales de los 70 se refleja a la perfección, evidenciando el interés de Ferrara por el rock’n'roll, la creación plástica y cualquier manifestación de la llamada cultura basura.
El asesino del taladro es la obra personal de un genio enloquecido y como tal no tiene comparación posible con ningún otro film de cualquier otro directos con dos dedos de frente, pero si se incrusta perfectamente en las pesadillas urbanas que Ferrara abordaría años despues.
THE DRILLER KILLER. USA. 1979. COLOR. DIRECTOR: Abel Ferrara. PRODUCTOR: Rochelle Weis Berg. INTÉRPRETES: Jimmy Laine (Abel Ferrara), Carolyn Marz, Baybi Day,…



Uno de los mayores hallazgos para el genero gore de finales de los ochenta fue esta delirante película de corte artesanal (los hermanos Chiodo se encargan practicamente de todo) que sorpredió por su absoluta frescura, el deparpajo de su realización y la rabiosa originalidad de sus planteamientos, que conjugaban a la perfección guiños y homenajes con ideas radicalmente novedosas, divertidas y de una efectividad abrumadora.




Los hallazgos del film son numerosos. Comenzando por la caracterización de los extraterrestres, que juega con la idea infantil de atracción-odio hacia la figura de los payasos, que en la tradición americana conecta directamente con John Wayne Gacy, asesino en serie de menores que se disfrazaba de payaso para acceder a las fiestas de cumpleaños, hasta las ingeniosas muertes con las que las deliciosas criaturas obsequian a los terrestres, especialmente la sombra chinesca que cobra vida y engulle a un grupo de gente que espera el autobus o cuando un pequeño y adorable payasete se enfrenta a los angeles del infierno, sin olvidar la magnifica y alocada banda sonora de la que se encargan los Dickies.
Opera prima del equipo formado por los hermanos Chiodo, sus resultados no son frutos de la casualidad. Stephen Chiodo, encargado de la dirección, comenzó a rodar como amateur a los trece años. Charles Chiodo posee un abultado currículum como técnico en efectos especiales. Como equipo son responsables de los efectos de maquillaje de Pee Wee’s Big Adventure (Tim Burton, 1985) y de la saga Critters, que sin duda fueron decisivas para completar con acierto su primer y único film. Un gran aficionado como yo espera con impaciencia el siguiente.



